Esas personas que hacen posible que el BAGR adquiera todo su sentido

A todos vosotros que, cada vez que hay alguna campaña de recogida, o alguna iniciativa para donar alimentos, estáis ahí, dispuestos a Dar, desde el anonimato, va dedicado este artículo. Formáis parte del alma de nuestro Banco de Alimentos.

Existen personas que hacen posible que seamos quienes somos en el BAGR, que el carácter social de nuestra fundación se haga presente día a día. Personas que ayudan a que nuestros valores se cumplan a diario porque contribuyen al desarrollo de la solidaridad.

Hoy queremos comenzar a hacerlos visibles.

Nombre: José Roa

Edad: 37 años.

Domicilio: Ronda

Hobbies: Le encanta hacer deporte y todos los días hace bicicleta.

Participación con Banco de Alimentos de Granada: El BiciReto de Carmela.

Se enteró de El BiciReto de Carmela a través de su amigo Juande, que vive en Granada, él le contó la iniciativa y enseguida se ilusionó por la causa.

José pedaleó casi 40 kilómetrospara El BiciReto de Carmela.

El reto, a iniciativa de Grupo Carmela, consistía en recorrer los kilómetros de la vuelta ciclista a España en bici estática—debido al confinamiento. Los 3.000 kilómetros serían convertidos en kilos de alimentos para el BAGR.

Queríamos que José nos contase su experiencia y nos pusimos en contacto con él en varias ocasiones, en todas ellas nos atendió con simpatía, amabilidad y una enorme sencillez. Y, siempre, coincidió que iba en su bicicleta.

Una de ellas subiendo una enorme cuesta.

Otra vez, a punto de parar— y así lo hizo, porque le encanta ver el atardecer en un lugar especial, y suele hacerlo cada tarde.

José y su bicicleta hacen sus recorridos por la serranía de ronda y por la sierra de Granada.

Hasta aquí todo puede parecer de lo más corriente, un hombre al que le gusta hacer deporte en bicicleta, como a tantos aficionados a este deporte, y amante de la naturaleza, que colabora con causas solidarias. Pero la realidad de José es diferente a la de la mayoría.

Con 18 años y tras padecer una neumonía, le detectaron fibrosis quística, una enfermedad hereditaria que afecta a los pulmones, al aparato digestivo, y al sudor.

Tras conocer su enfermedad y asimilarla, su actitud siempre fue muy positiva, a pesar de que la evolución de la misma hacia que su vida fuese cada vez más dura y que su cuerpo acusase las limitaciones que le producía.

José llegó a una situación muy grave en la que cualquier pequeño movimiento hacia que no entrase apenas aire en sus pulmones, los fármacos ya no le servían, el trasplante era su única opción para sobrevivir.

Hace dos años y tres meses que a José le trasplantaron sus pulmones. Una operación que duró once horas porque los cirujanos encontraron el pulmón izquierdo en muy malas condiciones.

Pero nunca ha perdido ni su positividad ni sus ganas de vivir.

Ahora, dice, que aprecia las pequeñas cosas de la vida y que no valora en absoluto lo material.

Los médicos le recomendaron que cuanto más activo estuviese mejor para sería para su salud. Por eso hace de 40 a 50 kilómetros en bici diarios, y también practica el trail de montaña. Cuando mostramos nuestro asombro ante esto, nos dice que no es para tanto, que hace lo que puede.

Mientras conversamos, dice que cuando alguien le pregunta qué cambiaría si pudiera volver atrás, él dice que no cambiaría su enfermedad.

Esto en el mundo de hoy suena raro, pero si nos adentramos en lo profundo de este gran ser humano nos damos cuenta de que el sufrimiento y todo lo que ha pasado durante su enfermedad le ha hecho ser más humano, ponerse en los zapatos de los demás, ser como es ahora. Y eso no lo cambia por nada.

Hay una frase que nos sobrecoge, pero que José dice con total naturalidad: «El trasplante tiene fecha de caducidad».

Su vida es el día a día, este momento que vive compartiendo con los que quiere, feliz de vivir, estrujando todo lo que siente y las experiencias de las que disfruta.

Esa intensidad con la que José disfruta de del don de la vida es también un don.

Hay algo que no tiene fecha de caducidad, José: tu gran corazón, entereza, generosidad, humildad, y otros grandes valores que llevas a gala en tu camino.

Muchas gracias José por ayudar a aquellos que más lo necesitan con tus pedaleos solidarios y Gracias mil por compartir tu historia con nosotros.

Una historia que, estamos seguros, nos dejará huella porque, entre otras muchas cosas,nos ha hecho ver que es el viaje el que aporta la felicidad, no el destino.

 

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